viernes, 1 de febrero de 2013

LA DELICADEZA

Me voy a la cama a dormir después de haber visto esta película en DVD. Ésta ha despertado en mí los recuerdos que, pensaba, tenía dormidos e incluso olvidados. Más que los recuerdos, he vuelto a vivir los sentimientos que un amor, ya muy lejano, se apoderó de mi corazón, de mi cuerpo, de mi mente y de mi ser.

Y me ha parecido tan bonita que me voy, aún con escozor de ojos por las lágrimas vertidas, con la sensación tan placentera que es el saber que una vez amé y fui correspondida.

http://www.youtube.com/watch?v=tgauU8M8m5c&feature=youtube_gdata_player

martes, 28 de agosto de 2012

EL DRAGÓN

El dragón se acercaba a mí. No pude comprender nada hasta que decidió hablarme: "No tengáis miedo, mi señora. Este humilde ser va a estar siempre a su lado, protegiéndola. Señora, perdonadme esta intromisión, pero he de decirle que váis a sufrir un gran cambio. Mi señora, ahora es el momento de partir". Y acto seguido, se marchó por el mismo camino.

-¿Sufrir un gran cambio? Y partir, ¿a dónde? ¿Un dragón que habla? Tengo que pensarlo- me dije.

"Si lo pensáis, moriréis, mi señora".

Y decidí partir, esa misma noche.


martes, 7 de agosto de 2012

REFLEXIONES DE HOY

Todavía sigo curándome las heridas por un amor que ya pasó. Más bien ya son cicatrices difuminadas.
Qué habilidad tiene el Ser Humano para no dejar paso a lo nuevo. Mi corazón todavía le pertenecerá o es más bien que me siento sola y que no he encontrado todavía mi verdadero amor?
Por otro lado siento la necesidad de tener hijos. Me planteo ya, a estas alturas de mi vida, tenerlos sola; pero son estos momentos de bajón emocional cuando quiero compartir mi vida con un hombre al que pueda amar y me ame.
Y luego viene la parte más racional que me dice que lo que me ocurre es que tengo la autoestima baja y que por eso estoy de bajón.
Ahora me doy cuenta de que estoy juzgándome mucho y que no me estoy dejando en paz.
Quisiera ser más equilibrada y menos neurótica. Ya me estoy etiquetando. En fin, voy a dejar de escribir, porque lo que es parar los pensamientos, ni el propio Buda lo consiguió por completo,así que me despido por hoy, consolándome con esto. Tal vez mañana esté menos melancólica y pueda escribir algo más alegre.
Que vuestros pensamientos y los míos sean siempre positvos. :0)


jueves, 26 de abril de 2012

QUIERO SER TU CORDURA

Siento tu mano cálida acariciando mi espalda tersa y desnuda. Me deleito y me abandono a esa caricia. Respiro suave y rítmicamente, capturando, por momentos, el aire dentro de mí.

Quiero conservar en mi recuerdo esta sensación, este sentimiento, esta acción; para poder ir a ellos, cuando quiera, con mi imaginación.

Siento un alivio, un consuelo, un amor que como un rayo de luz cálido recorre todo mi ser. Te toco, te siento, te quiero.

Te lo doy todo. No puedo darte menos. Soy aire, soy agua, soy carne, soy fuego y sangre. Pasión, ternura, ¿amor? Sí, perdura.

Quiero ser tu cordura.


viernes, 19 de agosto de 2011

ALMA

Mi nombre es Alma. Estoy sola viviendo en un habitáculo lleno de agua en el que floto y me alimento a través de un tubo que llega hasta el centro de mi cuerpo. No comprendo mucho qué hago aquí, aunque de vez en cuando escucho los sonidos de fuera. Pero sobre todo, escucho la voz de una mujer. Me dicen mis guías que es mi madre. No entiendo mucho a lo que se refieren y les pregunto que qué o quién es. Ellos me contestan que es la mujer que me lleva dentro de sí para que en nueve meses me de la vida. ¿Vida? ¡Si yo ya estoy viva! No me doy cuenta de que en este mundo la vida se da cuando a los que vamos a nacer nos cortan ese tubo que lo llaman cordón umbilical.

Intento, por todos los medios, comunicarme con mi madre y aunque ella no me oiga, creo que intuye lo que le estoy diciendo, pues os voy a contar ahora cómo mi madre y yo tuvimos nuestra primera conversación.

Una mañana, mi madre estaba hablando por teléfono con mi abuela, su madre, y de pronto, le dice: "mamá, tengo que colgar ahora mismo. Luego te llamo. Un beso" y colgó. Se puso las manos en su tripa y lo que noté fue calor y muchísima paz. Aquello me tranquilizó mucho y le di las gracias.

- De nada, tesoro- contestó ella.
- ¿Puedes oírme, mamá?
- Sí, cariño. Te siento y creo que estamos hablando telepáticamente, puesto que no puedes hablar de momento hasta que no nazcas.
- Pero mamá, ¡¡¡si estoy viva!!! ¿Cómo dices que no puedo hablar si estoy comunicándome contigo?
- Nos comunicamos a través del pensamiento, Alma.
- Por cierto, mamá, ¿por qué me llamas Alma si todavía no he nacido?
- Porque eres mi vida, mi amor... Eres, mi alma.
- ¿Cuándo voy a nacer?
- Aún queda casi todo el ciclo, nueve meses, cariño mío.

Quedaban todavía nueve meses para que yo naciera y ya me estaba comunicando con la persona que iba a ser la más importante de mi vida. A partir de ese gran descubrimiento, mi primer contacto con mi madre, estamos hablando cada día. Yo le cuento las sensaciones que tengo, casi momento a momento, y ella me cuenta lo que ve a su alrededor. Puedo sentir todo lo que ella siente. Cuando llora, siento que mi mundo se viene abajo, se hunde y yo con él; pero cuando se ríe noto que mi piel y mi corazón saltan de alegría y me da la vida.

Hoy pienso que tengo mucha suerte de estar dentro de mi madre estos nueve meses, pues me he sentido deseada, amada y protegida y puedo decir, segura de mí misma, que voy a poder afrontar todas las cosas buenas y malas que me tenga deparado mi destino.

Gracias mamá por haberme dado tanto apenas empezado mi nueva vida. Tal vez cuando nazca, no recuerde lo que hemos hablado, tal vez nos enfademos o tal vez, en algún momento, me porte mal contigo, pero en mi fuero interno sé que te amaré hasta que llegue mi día y será en ese momento cuando recuerde todas nuestras conversaciones.

- Ayúdame, cariño, vas a nacer ya.
- TE QUIERO, MAMÁ.
- Yo también te quiero, Alma.

domingo, 12 de junio de 2011

EL ÚLTIMO ALIENTO

Maria llevaba varios meses en la UCI a causa de una bronquitis mal curada. Apenas podía mover ningún músculo de su cuerpo. No podía hablar, ni ver a las personas, tampoco sentía su contacto, no podía sonreír, ni abrir los ojos, pero sí que podía oír y oler a las personas que se  acercaban a los pies de su cama. Oía de una forma distorsionada, pero oler, olía como si estuviese completamente sana. Lo realmente frustrante para ella era que no podía decirles a sus seres queridos cuánto los amaba. Lo que más feliz le hacía era cuando sus hijos iban a verla y uno a uno le susurraban al oído cosas bonitas y las nuevas noticias que llegaban a la familia. Se emocionaba, aunque para el resto era como si estuviera muerta, pues ni siquiera, cuando se emocionaba, le caían lágrimas por su rostro. Pero Marie sentía que estaba muy viva, que aunque no comprendía cada palabra, las sentía, sentía cada tono que llegaba a sus oídos. Los médicos la habían dado por perdida, aunque seguían manteniéndola a través de suero y respiración asistida. Estaba completamente entubada, pero ya se había acostumbrado a esas sensaciones.
Una mañana, el médico que la atendía habitualmente, el Dr. Morales, se acercó para mirar el cuadro clínico, cambiarle el suero y chequearle como siempre lo hacía para cerciorarse de que todavía respiraba. María contaba el tiempo que el doctor estaba en su habitación.
-Vaya, esta vez se está quedando más rato.- decía. Se entretenía contando las pisadas, palabras y sonidos que producía el médico. Por lo menos, esto le entretenía bastante.
Pasaron los días e incluso los años y María se iba cada vez más deprimiendo. Su familia ya no iba a visitarla tan a menudo como le hubiera gustado. Su estado se iba agravando cada día más y los médicos comentaban que su respiración ya no era como antes, que su corazón le estaba fallando y que sus constantes vitales estaban dejando de funcionar. María echaba de menos las voces de sus hijos, el llanto ahogado de éstos y sobre todo, sus olores tan peculiares. Cecilia olía de una forma afrutada, una mezcla de arándanos con frambuesas; el olor de su hijo Juan era muy agradable, pues olía siempre a mirra e incienso; y su otra hija, Olivia, la más pequeña, se perfumaba con jazmín.
-Dios mío, lo que daría por volver a oler a mis hijos, a mirarlos embelesada y a poder tocarlos y besarlos hasta el estremecimiento. Me muero de sólo pensarlo.- se decía así misma.
Esa noche, no pudo dormir pensando en sus hijos y en los recuerdos que tenía con ellos cuando eran pequeños. Se dejó llevar por esos pensamientos, hasta que oyó el ruido de la puerta de su habitación. Era el Dr. Morales otra vez. “Qué raro”, pensó. “Él jamás viene a visitarme por la noche. Tal vez se haya dejado algo. No, no es eso. ¿Qué está haciendo? ¿Está tocando mi suero? No puedo ver nada. Ahora no oigo nada. Qué extraño todo. Se va. Ha cerrado la puerta. Vaya, me estoy quedando dormida y no tengo sueño. ¿Qué me está pasando? No puedo pensar, me duermo, me estoy…”.- María había muerto.
El doctor Morales, había enviado a una enfermera para que le inyectara un sedante, un sedante tan fuerte, que la había matado.
Al día siguiente, Olivia, había ido a visitar a su madre, pero ésta ya no estaba en su habitación. Fue a buscar al médico y le preguntó qué había pasado con su madre. El doctor Morales mintió y dijo que ya había sido su hora y que su corazón ya no había resistido más. Olivia, en ese momento, le creyó. Pero cuanto más pasaban las horas, Olivia, comentando el caso con sus hermanos, se creía menos la versión del doctor Morales y decidió con éstos contratar a un detective privado para esclarecer todo el caso.
Cuando el forense le hizo la autopsia a María, detectó una gran dosis de sedante en la sangre de ésta y lo comunicó al detective privado, porque pensó que se trataba de una muerte provocada. Julio, que así se llamaba el detective privado, llamó a Olivia y le expuso el caso.
-Olivia, soy Julio. He hablado con el forense y me ha contado que en la sangre de tu madre ha aparecido una cantidad ingente de Rohypnol, un sedante que se considera uno de los más fuertes de la medicina. Pero eso no es todo, también me ha comentado que no es el único caso el de tu madre, que por lo visto ha habido catorce personas más fallecidas de la misma forma. Olivia, esto, para mi entender, se llama E-U-T-A-N-A-S-I-A.  ¿Sabes a qué me refiero?
-Creo que sí, han asesinado a mi madre, ¿no es eso?
-La eutanasia es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente terminal con la intención de evitar sufrimientos. El concepto está asociado a la muerte sin sufrimiento físico. Te lo he leído tal cual del diccionario. ¿Tú qué crees?
-Yo creo que no tienen derecho a hacer eso sin el consentimiento de los familiares. Mi madre tenía familia, tiene tres hijos y nietos y, aunque no hemos podido ir a verla tan habitualmente como las familias de otros pacientes, hemos ido y la queríamos. Esto es indignante, cruel y sobrepasa a todas las leyes humanas y divinas. Es injusto. ¿Qué derecho tiene, y sobre todo un médico, a quitarle la vida a una persona, por muy moribunda que ésta esté? ¿No son médicos? Pues si son médicos, ¿por qué no hacen su labor y salvan vidas en vez de aniquilarlas?- Olivia hablaba con rabia y dolor. Sus palabras se entrecortaban por la fricción de los dientes al intentar hablar.
-Te comprendo, Olivia. Déjame que hable yo con los médicos y si queréis, os llevo el caso yo también.- sugirió Julio.
-No, prefiero ir yo misma a hablar con el médico. Necesito escuchar de su boca su versión, que estoy segura de que me va a mentir como un bellaco.
-Está bien. Te llamo mañana.- se despidió Julio.
-Gracias por todo, Julio. Y sí, contamos contigo como abogado. Hasta mañana.

A la mañana siguiente, Olivia, que ya había hablado con sus hermanos, se fue al hospital con éstos a pedir explicaciones. Lo que les dijeron fue que se le había ordenado a una enfermera que se le suministrara una cantidad de suero y que a ésta misma se le fue de las manos, inyectándole más de la cuenta, con lo que le produjo la muerte casi instantánea. Olivia, Juan y Cecilia no podían dar crédito a lo que estaban oyendo y por supuesto, pusieron una demanda al Hospital, y sobre todo al médico que trataba a su madre.
Se celebró el juicio y el Juez dictaminó la sentencia alegando que: “Se ha practicado mal la medicina, pero no consta que las muertes sean consecuencias de ello”, con lo cual dio carpetazo y los imputados quedaron absueltos de todo cargo.
-Vamos a recurrir, por supuesto que vamos a recurrir. Esto no va a quedar así. Pero… ¿Cómo puede dictaminar un JUEZ, a sabiendas que ha sido una negligencia médica o más bien, un asesinato clarísimo, llamado Eutanasia, puede dejar libre sin cargos a este grandísimo hijo de puta que dice ser médico y lo que es un auténtico carnicero? Mañana mismo pongo el recurso y ahora mismo voy a llamar a todos los medios de comunicación para hacer público este hecho tan vejatorio e inhumano que estamos teniendo.- Olivia estaba gritando en mitad  de la calle, indignada, dolida por la resolución de la sentencia.
-No me voy a quedar callada. ¡¡¡Familias de los fallecidos, ayudadme. No os quedéis impasibles ante esta masacre. Ayudadme a meter a este MAL NACIDO a la cárcel para que cumpla el tremendo asesinato que ha cometido!!! ¿Es que en este país no hay JUSTICIA? ¿Es que en este país no hay seres humanos en los altos cargos? ¿Por qué siempre pagamos los mismos? ¡¡¡Maldita sea!!! ¡¡¡Juro, aquí, ante este descomunal edificio de Plaza Castilla, que esto no se va a quedar así!!!- Juan la agarró por el brazo y la consoló entre sus brazos. Olivia no paraba de llorar de la impotencia y la rabia que sentía.
Tras el recurso contencioso-administrativo, el Juez que sobreseía la causa declaró en el auto: “Se ha practicado mal la Medicina, pero no consta que las muertes sean consecuencias de ello: los pacientes pudieron morir o por la sedación indebida o por su enfermedad inicial”. Lo que ocurrió a continuación fue que a la familia de María la indemnizaron con unos cuantos miles de euros (no muchos, la verdad). Olivia no se quedó contenta con esta “estafa”, así lo llamó, pues su madre, de sesenta y siete años de edad había perdido la vida a causa de una negligencia médica o ASESINATO, como ella lo llamaba. De hecho, ella no quiso aceptar ningún céntimo de euro y se lo dio a sus hermanos, pues consideró que sus manos se mancharían de sangre de su madre por aceptar aquella causa injustificada.


EL MUNDO DE PILAR

Pilar miró con cierto desasosiego la mesa del comedor en la que deberían sentarse sus hijos, que ni habían llamado para anunciar una ausencia que se producía un día sí y otro también ni se sabía si vendrían a comer o no. Pensó en cómo podría haber vivido esos años en los que tuvo que sufrir las limitaciones materiales de subsistir mientras mantenía una familia numerosa. Convirtiendo su insatisfacción personal en un sentimiento de rencor y de desafección, comenzó a autoconvencerse de que era él quien estaba de más en su vida, el que encarnaba esa sensación de tiempo perdido, quien la había decepcionado inmensamente, la causa última de su frustración, un padre que no se había ocupado tanto como ella de sus hijos y que encima era el que comunicaba más afecto, el que quedaba bien.

-Ni siquiera se han dignado en llamar para avisar de que no venían a comer.- comentó Pilar a su marido.
-No te preocupes mujer, estarán muy liados. Ya comemos tú y yo y listo.
-José, llevo dos horas quemándome los bigotes para que tus hijos y tú comáis el mejor asado del mundo y no vienen a comer… Muy bonito, José, muy bonito.- inquiere mordazmente a su marido.
-Hala, venga, monta el numerito como siempre… Aún voy a tener la culpa de que tus hijos no vengan a comer...
-Pues tú tienes buena culpa de esto y de muchas cosas que hacen tus hijos porque se lo has permitido todo. Claro, como tú te marchas a trabajar y no vuelves hasta casi la madrugada, que por cierto, a saber lo que estarás haciendo tú por las noches, no te preocupas de prepararles las comidas, ni las cenas. Tú no eres el que has tenido que criarlos, comprarles la ropa y encima hacer economías pues muchas veces no tenía ni siquiera un duro para ello y tampoco tú estabas para dármelo. Cuando llegabas a casa lo único que hacías era levantarles el castigo que yo les había impuesto y me dejabas a mí como la mala de la película. ¿Sabes José? Has ido siempre a tu bola, no me has respetado nunca y tampoco has respetado las normas de esta casa. Ni siquiera te acuerdas de cuándo son sus cumpleaños y mucho menos te acuerdas del mío y de nuestro aniversario. En fin, José, que estoy harta, más que harta. ¡¡¡Estoy hasta la coronilla!!! Así que he pensando en abandonarte. Me voy, José, no te aguanto más. Mis hijos pasan de mí y tú también y como te llevas tan bien con ellos, pues hala, todos tuyos. ¡¡¡Me voy, os abandono. No puedo más. Apáñatelas!!! Ya verás qué bien os entendéis así. Os habréis librado de mí, por fin. Ya no seré más vuestra carga. Ya no me tendrás que mirar más a la cara.- mientras se desahogaba, iba y venía del comedor al dormitorio.  Cogió la maleta, metió todas sus pertenencias en ella y cuando terminó miró a los ojos de su marido y le dijo, sollozando y con rabia:
-Adiós, José, que te vaya muy bien. Me voy de tu vida para siempre y no me volverás a ver jamás.- y cerró tras de sí la puerta.
Cogió el ascensor en seguida y mientras estaba bajando, se abandonó, cayendo al suelo sin poder dejar de llorar. Sabía que había hecho algo heroico y se preguntaba que tal vez se iba a arrepentir de lo que había hecho o tal vez no, pero prefería en ese momento no pensarlo y dejarse llevar por lo que estaba a punto de comenzar: UNA NUEVA VIDA.